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| Primula vulgaris 'Kerbelpice' & back lane weed - 7 April 2026 |
En mi Argentina un yuyo es una planta que crece donde no debería crecer. En inglés se llama “weed”. En otros países a veces se llaman malas yerbas. Mi mujer, Rosemary, que me educó cuando nos casamos en el 8 de febrero de 1968 a apreciar las plantas, y en especial a notar los detalles, me acordé de ella hoy al encontrar esta hermosa hoja. Es de un yuyo que crecía en la calle muy cerca de mi casa. En mi Vancouver, hay calles detrás de las casas, normalmente no pavimentadas, que se llaman back lanes. Es allí donde encontré la yerba. En mi “back lane” tengo un jardincito con varios rosales y plantas perenes. En una esquinita noté la Prímula vulgaris ‘Kerbelpice’. Decidí cortar algunas de las flores y escanearlas con el yuyo en un homenaje a mi Rosemary que falleció el 9 de diciembre del 2020. El yuyo feo para mí tiene un belleza extraordinaria.
Hace muchos años mi abuela y yo fuimos a una muestra de un pintor filipino en la ciudad de México. Entre las pinturas había una de un huarache. MI abuelita le dijo al pintor, “Esta pintura es fea.” Con una sonrisa el pintor contestó, “La belleza de lo feo.”
A continuación una poesía de la escritora Argentina Gabriela Cabezón Cámara. Yuyo es su perro que se murió.
Poema para Yuyo
por GABRIELA CABEZÓN CÁMARA
13 de enero de 2020 - ANATOMÍA DE UN INSTANTE
No sabía, el día ese que te hice upa en un jardín y me comiste a besitos con tu lengüita de cachorro, que habría un fin para este animal que fuimos juntos.
Acá suena el aire porque suenan las hojas,
suenan
crocantes las secas en el suelo
fluviales las verdes en el cielo
suena
un rumor de voces vegetales,
que se mueve con el viento
y los pájaros,
los pájaros se bañan en los charcos
que va dejando la manguera mientras riego
felices los pájaros mojándose
hacen trinos cortos
como risas
les gusta el agua,
Yuyo,
y yo lloro
acá cerca tuyo
roto el hilo de la red
que nos unía
ando como perdida
como andan los otros perritos
y como anda también Caro.
Pierri levantó las orejas y abrió los ojos
atento anda,
Yuyo,
tirado en el pasto
con los ojos tan redondos
las orejas tan en punta
creo que te espera
que espera un rastro tuyo
pero espera echado
porque sabe
que no es cuestión de buscarte
que no te va a encontrar en sus carreras
brillantes de galguito de suburbio.
Anda como perdido,
Yuyo,
como Roja, que eligió la pelea
contra Toña
y está toda rota
parece una boxeadora pluma
que hubiera peleado contra
una peso pesado
con colmillos.
Firulais la sigue de acá para allá
se esconde con ella abajo de la cama
y le lame las heridas
insistentemente
denodadamente
la cuida,
Yuyo.
Berto duerme su milagro de callejero longevo
y a veces se levanta
y va al jardín
y se choca suavemente con las cosas
vuelve a casa
y duerme el sueño plácido
de saberse a salvo de la lluvia, del hambre
y del maltrato.
Caro limpia la casa,
Yuyo,
con Belén.
Caro limpia la casa
para limpiar la pena
y yo ando como perdida
y no quiero estar sola,
Yuyo:
Yo sabía pero no sabía
cuánto de vos y de mí
se había tejido
en un animal más grande
uno hecho de mujer y de perro
uno que podía volver su mirada a sí mismo
y encontrar el nudo que lo hacía uno
tus ojitos amarillos Yuyo
esa forma tuya
de irte corriendo y
volver la mirada
a mí:
la mirada amarilla
amarilla
de tu cuerpo negro
negro.
Como unos soles tus ojitos
en el estrellerío nocturno de tu pelo:
Yuyo,
yo sabía
y no sabía
el día ese que te hice upa
en un jardín
y me comiste a besitos
con tu lengüita de cachorro,
yo sabía que la muerte
y sus dolores
Yuyo,
pero no sabía
Yuyo,
no sabía
que habría un fin
para este animal que fuimos
juntos
ni sabía siquiera
que seríamos los dos uno
que ya no me perdería
por ahí
por los barrios de otras
que iba a volver a casa
siempre
todos los días
cada vez
porque estabas vos
Yuyo,
me hiciste,
perrito mío de mi corazón,
un centro
me hiciste,
Yuyo,
mi cachorro
un lugar en el mundo
un orden
un punto en torno al cual:
fuiste ese punto mío
yo el tuyo,
Yuyo,
un orden desordenado
un quilombo,
Yuyo,
porque vos
disfrutabas de robar
de tomar para vos
por un rato
o por varios,
por el tiempo que fuera,
la ropa mía
mis zapatos
la comida de cualquiera
los asados de todos
los libros encuadernados en cuero
los libros encuadernados en cualquier cosa
lo que te entrara en la boca
un quilombo,
Yuyo,
pero yo volvía a casa
y vos golpeabas la cola
contra el sillón
que parecía el arca
de un Noé perro:
contra el diluvio de estar solo,
Yuyo,
una chancleta, un peluche, una remera
que habías agujereado en una danza
de dientes y revoleos de cabeza
todas las carilinas que hubieras encontrado,
Yuyo,
y la alegría Yuyo,
de encontrarnos nosotros
aunque me hubiera ido un rato al chino
o hubieras sido vos el que saliera
en tus paseos diarios
al parque, al barrio entero
o hubiera sido yo la que llegaba
después de un viaje largo
como esa vez
que estabas en la puerta
cuando llegué
y no me viste
y te dije:
Yuyo!
desde la vereda de enfrente
y tu cuerpo se paralizó
todo tensión
todo alerta,
negros
relumbrantes
tus músculos
de perro joven,
y alzaste las orejas
petrificado
y te volví a decir:
Yuyo!
Y empezaste a saltar
y yo corrí hasta vos
dejé la valija ahí tirada
total los pibes
de la barra de San Telmo
que cuidan los autos
la cuidaban
yo corrí y vos saltabas
como si hubiera dicho un dios:
hagasé una manifestación de la alegría
destellabas,
Yuyo,
la alegría.
Y ahora,
Yuyo,
esta tristeza opaca
de tenerte
abajo de la tierra
de abajo de la parra
y andar todos
como perdidos
y yo
como amputada,
Yuyo,
de vos
y hablarte,
Yuyo,
como nunca te hablé
porque no hacía falta,
Yuyo,
¿para qué iba a hablarte más allá
de llamarte o decirte que vamos?
No necesitábamos,
Yuyo,
ninguna palabra
salvo tu nombre,
Yuyo,
entonces yo no te hablaba.
Te hablo ahora,
Yuyo,
porque no estás más,
Yuyo.
Y yo ando como perdida
acá
cerca tuyo
entre las hojas que dan vueltas en el suelo
los trinos cortitos
de los pájaros bañándose
y las nubes,
Yuyo,
entre las copas de los árboles
la red de esta familia
un poco loca
como sin centro
y algún bichito
en el terreno de al lado
haciendo crujir
las ramas secas
¿será la liebre
que varias veces corriste
y no alcanzaste,
Yuyo,
perrito mío de mi corazón?






